Las patrullas policiales en asentamientos romaníes en Grecia enfrentan un choque cultural y desconfianza. Los residentes, temerosos de represalias vecinales, a menudo evitan hablar con la policía.
A pesar de las precarias condiciones de vida, algunos romaníes comienzan a confiar en los jóvenes oficiales. La colaboración ha mejorado, con miembros de la comunidad proporcionando información sobre delitos, lo que permite detenciones y justicia.
Sin embargo, persiste la duda sobre si la policía logrará generar una confianza duradera en la comunidad romaní, a pesar de que las patrullas son, en general, bien vistas.