La periodista Natalia Roca comprende y apoya la decisión de los venezolanos de emigrar para reconstruir sus vidas, calificando a quienes se quedan y a quienes se van como valientes.
Comparte sus anhelos de libertad, felicidad y tranquilidad, buscando una vida sin violencia y deseando que su hijo Tristán crezca aprendiendo idiomas y valores sólidos.
Sueña con ver a sus padres estables y anhela una vida simple, aprendiendo de la fragilidad de la vida tras el terremoto que demostró cómo todo puede cambiar en segundos.