La oración motivada por los intereses del Señor y su reino siempre recibe respuesta. Jesús enseñó a orar primero por el reino de Dios y su voluntad, priorizando los intereses divinos sobre los propios.
Las oraciones egocéntricas o egoístas a menudo no son respondidas. Es fundamental pensar en Dios, en la obra divina, en los misioneros y en la edificación de la iglesia. Aquellos que anteponen los intereses del Señor viven bajo "cielos abiertos".