Francia enfrenta una ola de calor con temperaturas que rozan los 40 grados, afectando diversas actividades y sectores. Los horticultores como Dominique comienzan su jornada más temprano para evitar el extremo calor, mientras que las cosechas de fresas sufren daños por el sol.
Los panaderos también se ven obligados a adaptar sus métodos de producción, enfriando el agua y la harina para que la masa cuaje correctamente. Las altas temperaturas han causado pérdidas en masa y pastelería, y han afectado el funcionamiento de neveras y cámaras de frío.
Incluso en París, los jardineros municipales adelantan sus tareas, y se están adaptando las especies de plantas en los parques para resistir el calor y la escasez de heladas. La situación se agrava por la falta de lluvias, afectando el caudal de los ríos y la agricultura.