Se descarta la existencia de una conspiración arbitral para favorecer a Argentina en el Mundial, argumentando que las decisiones polémicas son lógicas o producto del azar.
Las jugadas que beneficiaron a Argentina son consideradas normales y muchas veces decisiones divididas al 50%. La idea de una conspiración se considera irrealista en el contexto actual.
Se enfatiza que el estilo de juego y la necesidad de buscar el resultado llevan a situaciones de riesgo, y que pensar en conspiraciones es una simplificación ante la complejidad del deporte.