La importancia de la oración es reiterada en las Escrituras, con Pablo instando a los creyentes a dedicarse a ella y a nunca dejar de orar. La Biblia dedica un espacio considerable a este tema, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, presentando promesas, mandamientos y ejemplos bíblicos.
Se mencionan innumerables ejemplos de personas devotas a la oración, como Jacob, quien luchó con Dios en una noche de oración y prevaleció; Daniel, que oraba tres veces al día; David, quien invocó a Dios desde lo profundo de su corazón; Elías, que se retiraba a las montañas para encontrarse con Dios; y Pablo y Silas, quienes oraban en el calabozo.
La oración es descrita como la primera necesidad y la mayor bendición, el "aliento del alma", sin el cual nos volvemos "azules".