Karina relató la intensa explotación que vivió al inicio de su carrera, llegando a realizar 34 shows en un solo fin de semana entre Santiago y Tucumán. Esta maratónica agenda implicaba actuar cada hora, con el último show a las 9 de la mañana del día siguiente.
La artista confesó que, a pesar del agotamiento y el riesgo para su voz, debían cumplir con los contratos. En ese período, la música popular estaba sujeta a una gran explotación, con artistas realizando múltiples presentaciones diarias en pueblos y ciudades del interior, a menudo en condiciones extremas.