Se discute la posible disipación del humo tóxico en Nueva York, con la esperanza de que el cambio en la dirección del viento y las lluvias previstas para la noche mejoren la calidad del aire.
Existe incertidumbre sobre la velocidad de desplazamiento de la nube tóxica y el tiempo que tardará en afectar la zona, pero se confía en que las condiciones meteorológicas favorables ayuden a resolver el problema.