En las cercanías de un club de barrio, se cuenta la historia de un hombre mayor que, según los vecinos, falleció poco antes de cumplir los 100 años.
El hombre fue velado en el patio y gimnasio del club. Durante el velatorio, una persona afirmó haber visto al "viejo" en el lugar, tumbado y cruzado, como si aún estuviera presente.
Se sugiere que este tipo de vínculos fuertes con un lugar, especialmente después de una vida larga vivida allí, pueden hacer que las personas "se arraiguen" y no se vayan, incluso después de la muerte.