Se enfatizó que Dios desea convertir a cada creyente en un tabernáculo viviente, un canal de bendición para otros, a través de la oración, la consagración y la invocación al Señor.
Se animó a los oyentes a no guardar rencor, sino a perdonar y orar por quienes los han ofendido, ya que Dios puede obrar en esas vidas, asegurando un hermoso encuentro en el cielo.