China se ha convertido en el principal constructor de barcos del mundo, produciendo más de la mitad de las embarcaciones globales, un drástico cambio respecto a hace 30 años cuando su participación era menor al 5%.
Peter K. Lee, investigador del Instituto Assam, señala que China construye más de 1.000 embarcaciones anualmente, con proyecciones a superar las 1.500. Corea del Sur, por su parte, produce alrededor de 250 embarcaciones, representando el 27% del mercado global. En contraste, Estados Unidos produce un insignificante 0,1%, entre 3 y 8 barcos al año.
La administración de Donald Trump ha mostrado interés en revitalizar la industria naval estadounidense, buscando recuperar la capacidad de construcción de buques. Sin embargo, la industria naval de EE. UU., tanto mercante como militar, ha decaído significativamente desde el fin de la Guerra Fría.
China ha aprovechado esta situación para subsidiar y construir su base industrial naval. Si bien la Armada china no tiene la experiencia de la estadounidense, su concentración en el Pacífico la hace un desafío estratégico. Corea del Sur y Japón, potencias navales históricas, también se ven influenciadas por el auge chino.
Se menciona la posibilidad de que Corea del Sur sea clave para abordar los problemas de EE. UU. en este sector. La dependencia de China para la construcción naval genera preocupación en países asiáticos, especialmente para la armada.