Un grupo de argentinos en Nueva York, residentes en New Jersey, comparte su realidad económica: viven al día a pesar de estar en Estados Unidos, y las entradas para la final del Mundial son inaccesibles.
La mayoría no tiene tickets y considera que el precio es prohibitivo. A pesar de la frustración, la esperanza de ganar el Mundial y la celebración colectiva en los banderazos son un motor importante.