Argentinas residentes en Canadá viajaron a Nueva York para vivir la final del mundial, durmiendo solo tres horas antes de dirigirse al banderazo. Su plan era ver el partido en casa, manteniendo las cábalas familiares, a pesar de haber viajado especialmente para la ocasión.
La decisión de venir fue tomada con poco tiempo de antelación, y el costo de las entradas es un factor importante, con la preocupación de cómo justificar el gasto ante la familia. La experiencia, sin embargo, es descrita como única y valiosa.
A pesar de la logística y el costo, el objetivo es disfrutar del partido y celebrar en familia, manteniendo vivas las tradiciones argentinas, incluso desde la distancia.