Gift, un adicto al juego, expresa la profunda crisis que atraviesa y la imposibilidad de salir por sí mismo de su adicción, describiéndola como una enfermedad mental. Advierte a otros que no apuesten, ya que considera que esa vida no es digna de ser vivida.
Él mismo admite que la frase "los buenos jugadores saben cuándo parar" no es cierta, ya que la necesidad de volver a apostar es constante, especialmente después de ganar. Gift perdió miles de rands y ahora intenta retomar el control de su vida estudiando ingeniería, aunque la tentación de la publicidad omnipresente lo afecta profundamente.