El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, denunció la presunta injerencia de China en las elecciones de 2020, afirmando que el país asiático obtuvo ilícitamente 220 millones de archivos de votantes estadounidenses. Trump, quien habló desde la Casa Blanca, también criticó a cadenas como ABC y NBC por no cubrir su discurso, acusándolas de ser parte de un complot para proteger el "fraude" electoral y a la "izquierda radical".
En respuesta, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Li Jiang, calificó las acusaciones de "completamente inventadas" y negó cualquier interés o acción de Beijing en interferir en las elecciones estadounidenses. China solicitó a Washington cesar las acusaciones infundadas y espera que no se utilice al país como tema de campaña electoral de cara a la posible visita de Xi Jinping.
Documentación desclasificada por la Casa Blanca, sin embargo, contradice la narrativa de Trump. Los informes técnicos concluyen que los sistemas de recuento de votos son complejos de manipular a gran escala y que Rusia, no China, fue el actor externo que más esfuerzos dedicó a influir en el proceso electoral de 2020.
El analista Jorge Castro sugiere que la estrategia de Trump responde a la necesidad de impulsar una propuesta de ley denominada "Ley de Salvación de Estados Unidos", que busca exigir que los votos sean de ciudadanos estadounidenses y que se demuestre tal condición al momento de votar. Esto se da en un contexto de encuestas desfavorables para Trump en relación con la guerra en Irán y de cara a las elecciones de medio término de noviembre, donde está en juego el control de ambas cámaras del Congreso.