En un contexto de cambios regulatorios, tensiones geopolíticas y desafíos energéticos, la sustentabilidad se erige como un factor decisivo para la competitividad, resiliencia y creación de valor de las empresas. Hoy, forma parte integral del lenguaje de los negocios.
Las organizaciones más preparadas gestionan activamente los riesgos climáticos, optimizan recursos para acceder a financiamiento y fortalecen sus cadenas de valor. Responder a las nuevas demandas del mercado es esencial para una estrategia de crecimiento a largo plazo, aunque esto plantee interrogantes y desafíos en un entorno global incierto.