El cronista continúa su recorrida por Madrid, describiendo la ciudad como similar a la peatonal de Florida en Buenos Aires, pero con muchos negocios cerrando.
Se queja del calor sofocante, con temperaturas de 34-35 grados, y se pregunta si los negocios tendrán camisetas de la selección española, recordando una experiencia similar en Londres y París donde las camisetas argentinas estaban "escondidas" a pesar de ser campeones.
Menciona que en el aeropuerto, los brasileños alentaban a los ingleses, generando una anécdota tensa con un compañero uruguayo. Finalmente, se despide de Madrid sin encontrar el ambiente esperado para la final.