Australia implementó una ley pionera que prohíbe el uso de redes sociales a menores de 16 años, pero siete meses después, la mayoría de los adolescentes sigue activa en estas plataformas.
A pesar de los esfuerzos por verificar la edad de los usuarios, las plataformas no están aplicando efectivamente la ley, lo que demuestra la dificultad de controlar el acceso de los menores a las redes.
La experiencia australiana sirve de advertencia para otros países que planean medidas similares, evidenciando la complejidad de la tarea y la necesidad de involucrar a los propios adolescentes en el diseño de las normativas.