La relación de Laura con su actual esposo se tornó destructiva, marcada por los vicios (cigarrillo, alcohol, cocaína, marihuana) y los celos. Laura relata cómo, en un intento por mantener la relación y formar una familia, se sumió en estas adicciones y soportó la violencia, llegando a desear que su esposo la golpeara.
La dinámica de la pareja era de constantes peleas y discusiones, creando un ambiente infernal para sus hijos. A pesar de aparentar una vida feliz, Laura vivía consumida por el odio y el rencor, llegando a pensar en el suicidio.