Un grupo de jugadores realizó un fuerte reclamo por Malvinas durante un evento deportivo, exponiendo la política del gobierno sobre la cuestión.
La actitud de los jugadores fue comparada con la de Maradona en el Mundial 86, mostrando una coherencia en el reclamo territorial.
El gobierno se vio expuesto por esta acción, especialmente considerando que se discutía la inviolabilidad de la propiedad privada y la posible venta de tierras a extranjeros.
Las declaraciones de los jugadores sobre la situación económica del país también generaron ruido interno en el gobierno, sumándose a la controversia.