La irrupción de la inteligencia artificial (IA) está demandando cantidades masivas de capital, superando incluso al sector del petróleo y gas en términos de inversión en infraestructura (CAPEX). Las cinco principales empresas tecnológicas invierten anualmente 700 mil millones de dólares en data centers y transmisión.
Esta carrera por el desarrollo de la IA está generando tensiones geopolíticas, comerciales y en las cadenas de valor, así como volatilidad e inestabilidad en el sistema financiero. La IA requiere no solo capital, sino también energía y minerales, planteando desafíos significativos para la sostenibilidad.