La capital de Honduras enfrenta una severa crisis de agua potable debido a la prolongada sequía, atribuida al fenómeno de El Niño. Las reservas de los dos principales embalses han descendido a niveles críticos, afectando el suministro a la población.
El embalse de Laureles opera actualmente al 39,88% de su capacidad, según informes locales. Las autoridades se encuentran en alerta ante la escasez del recurso vital.