Se relata el pasaje bíblico de Elías en el Monte Carmelo, donde desafió a los profetas de Baal y Acera.
Tras el desafío, Dios prometió enviar lluvia, símbolo de bendición y presencia divina. Sin embargo, antes de la lluvia, envió fuego, representando la purificación y el llamado al arrepentimiento.
Se explica que el pueblo de Israel debía arrepentirse de su "adulterio espiritual" con Baal antes de recibir la bendición.