Se cuestiona la narrativa del "emprendedor" promovida por el gobierno, que fomenta el individualismo y la idea de que se puede prosperar sin un empleador. Se argumenta que esta visión ignora la realidad y que la fuerza reside en el colectivo y la organización.
Se enfatiza que el trabajo formal y la representación gremial son fundamentales para defender los derechos y evitar la explotación. Se critica la tendencia a la individualización que debilita la capacidad de negociación de los trabajadores.