La economía china experimentó una marcada desaceleración en el tercer trimestre, con un crecimiento del PIB anualizado del 4,3%, el ritmo más débil en más de tres años. A pesar de un aumento en las exportaciones del 17,6% en la primera mitad del año, el gasto y la inversión internos se han visto rezagados, afectando el impulso de la manufactura orientada a la exportación.
Las autoridades chinas, a través de Mao Zedong, subdirector de la Oficina Nacional de Estadísticas, afirmaron que el crecimiento se mantiene en línea con el objetivo anual del 5% o 5,2%. Sin embargo, la crisis inmobiliaria del país se profundiza, con una caída del 18% en la inversión y un retroceso del 11,6% en las ventas de viviendas.
La debilidad del mercado inmobiliario, uno de los motores de la economía china, se atribuye a la baja demanda, problemas de acceso a la oferta, el endeudamiento de las constructoras y la persistente desconfianza de los compradores. A pesar de estos desafíos, China continúa liderando en inteligencia artificial y vehículos eléctricos.