Se cuestiona la efectividad de las promesas del presidente Milei de cesar los insultos y descalificaciones públicas, señalando que esta actitud se mantuvo por pocos días. Se menciona que esta conducta es habitual en él, salvo en tiempos de elecciones.
La crítica se extiende a la política en general, donde se observa un cambio de actitud hacia la moderación durante los períodos electorales, volviendo a posturas más confrontativas después.