Se narra una emotiva historia de amor entre un argentino y una rusa, que se conocieron durante el Mundial de Rusia en 2018. A pesar de la distancia y las diferencias culturales, su relación floreció y se consolidó.
Como recuerdo de su encuentro y de aquel Mundial, la pareja guarda una mamushka (o matrioshka), símbolo de Rusia. La anécdota se presenta como un momento tierno y representativo de las conexiones que se forjan en torno al fútbol.