Un cliente acude a Joyería El Tazador para tasar joyas familiares heredadas, tras un accidente de moto que destruyó su herramienta de trabajo y la falta de respuesta del seguro.
El cliente explica que necesita vender las alhajas para poder comprarse una moto nueva, ya que la anterior quedó inservible y el seguro no se hizo cargo.
El tasador examina las piezas, incluyendo un prendedor de 1900, y comenta sobre la suerte del cliente al contar con ropa de protección durante el accidente.