La Unión Europea ha decidido prorrogar el tope al precio del petróleo ruso, fijándolo en 44.10 dólares por barril. Esta medida, acordada por los 27 países miembros, busca limitar los ingresos de Rusia por exportaciones de crudo y, consecuentemente, su capacidad para financiar la guerra.
La decisión se enmarca en un contexto de volatilidad energética y se acompaña de un nuevo paquete de sanciones contra Moscú. El objetivo es presionar a Rusia para que cese sus acciones bélicas, aunque se reconoce que estas medidas pueden tener un impacto diferencial en los gobernantes y la población.