Se cuestiona el intento de Claudio Tapia de capitalizar el éxito futbolístico de la selección para mejorar su imagen, a pesar de sus problemas judiciales. Se percibe una tendencia hacia la impunidad, especialmente con la justicia de Estados Unidos.
Se enfatiza que el fútbol y el sentimiento por las Malvinas son amores que deben ser intocables para todos los argentinos, y que la política no debe interferir ni utilizar estos sentimientos para sus propios fines.