Scaloni, visiblemente emocionado, evitó calificar la gesta de su equipo, dejando que los títulos hablen por sí solos. Agradeció a la gente y destacó la increíble demostración de los jugadores, quienes sienten la camiseta como propia.
La comparación con selecciones pasadas, como la de 1978 y 1986, surge inevitablemente. Sin embargo, se enfatiza que cada equipo es único y que esta selección ha demostrado una capacidad de lucha y un espíritu inquebrantables, deleitando al público con su juego.