Se reflexiona sobre la importancia de cuidar el cuerpo y la vergüenza que muchas personas, especialmente de la generación del hablante, sienten al respecto. Se menciona la lucha contra los prejuicios corporales y la necesidad de amarse a uno mismo.
Se establece una distinción entre la sexualidad explícita y el amor propio del cuerpo. Se advierte que un cuerpo no cuidado tiende a enfermar, no solo físicamente sino también por tristeza, represión o falta de objetivos.
Se hace una breve mención histórica sobre Cristina Perichetti fumando en público en 1912 como un acto de osadía.