Ramón relata su experiencia de vida marcada por el miedo, pánico e insomnio desde la infancia, atribuyéndolo a una maldición hereditaria originada por prácticas de curanderismo de su padre. Describe visiones de sombras, ruidos nocturnos y sensaciones de levitación, además de una profunda depresión y pensamientos suicidas a pesar de ser joven.
Su vida adulta continuó signada por el fracaso laboral y conflictos familiares. Relata episodios de violencia física y verbal con su esposa, llegando incluso a que su madre intentara matar a su padre. A pesar de sus intentos por llevar una vida diferente, sentía que todo fracasaba.
La situación llegó a un punto crítico cuando, tras una discusión, Ramón tuvo pensamientos de violencia hacia sus hijos, lo que lo impulsó a buscar ayuda en la Iglesia Universal. Allí, sintió un cambio radical y recuperó las ganas de vivir y la esperanza.