La fiebre mundialista impulsa la economía local, con comercios que trabajan a contrarreloj para satisfacer la demanda de merchandising. La venta de artículos alusivos a la selección argentina genera un importante movimiento económico.
Se destaca la alegría colectiva que genera el Mundial, logrando que la gente olvide momentáneamente los problemas cotidianos y se una en el festejo. La posibilidad de celebrar juntos es un bálsamo para el país, y se anhela que este tipo de eventos se repitan con mayor frecuencia.