En las escuelas, la emoción por la clasificación a la final del mundo se vivió con intensidad. A pesar de no ser feriado, la alegría de los chicos era palpable. Algunas instituciones permitieron ir con banderas y remeras alusivas, transformando las aulas en centros de celebración.
Los directivos y docentes compartieron el entusiasmo, mostrando la pasión argentina por el fútbol. Los niños, a pesar de dormir poco, expresaron su orgullo y agradecimiento al equipo, contagiando la ilusión de poder llegar a la final.