Joaquín Levington confiesa sentir vergüenza al acercarse a sus ídolos, a pesar de su reconocimiento público.
Relata un encuentro con Marcelo Gallardo en la cancha de River Plate, donde, a pesar de estar a un metro de distancia y de haber cantado para él, le costó reunir el valor para saludarlo.
Esta timidez se mantiene incluso en situaciones de cercanía, demostrando un profundo respeto y admiración hacia las figuras que lo inspiran.