La devoción de Bangladesh por la selección argentina, que comenzó en el partido histórico de 1986 contra Inglaterra, se ha extendido a otros países como Siria, donde también se celebraron los triunfos del equipo albiceleste.
En Bangladesh, una población que casi duplica a la de Argentina, la pasión por el fútbol se vive intensamente, con ciudadanos luciendo la camiseta nacional y apoyando al equipo en cada partido. Incluso un grupo de monjas fue captado rezando y festejando en la puerta de su convento.
En Siria, la euforia se desató en Damasco con una pantalla gigante y una multitud que se reunió para seguir el encuentro, demostrando la universalidad del fanatismo por el equipo argentino.