Se compartieron anécdotas sobre el temperamento de Enzo Fernández durante su infancia en el club de barrio. Wilson, su primer entrenador, lo describió como un niño "chinchudo" que se enojaba cuando las cosas no le salían, pero que siempre lograba desplegar su "magia".
Se resaltó que este carácter competitivo es normal en los niños y que, en el caso de Enzo, siempre se manifestaba hasta que lograba el éxito en su juego. Se recordó que de pequeño era un gran goleador y poseía una "buena patada".
La conversación giró en torno a la importancia de los clubes de barrio como formadores de jugadores y personas, donde las emociones y la competencia son parte del aprendizaje y el desarrollo.