Un hombre relata su desesperada situación para intentar ingresar a un partido del Mundial, enfrentando la imposibilidad de pasar los molinetes y la reventa de entradas a precios exorbitantes.
Ante la falta de entrada y la negativa de la policía, recurre a una insólita estrategia: pedir prestado un bebé a una pareja para simular ser un padre y así poder acceder al evento, aprovechando la compasión que genera la presencia de un niño.