Durante la Santa Cena, Jesús realizó el acto de lavar los pies de sus discípulos, un gesto que incomodó a muchos pero que tenía un profundo significado de servicio y humildad.
Este acto simboliza que la eficacia del sacrificio de Cristo y la vida cristiana se manifiestan a través del servicio a los demás. Jesús, a pesar de ser el maestro y Señor, se arrodilló como el siervo más bajo para lavar sus pies, estableciendo un ejemplo de humildad y entrega.