Brasil se prepara para enfrentar nuevos aranceles del 25% impuestos por la administración de Donald Trump, tras meses de negociaciones infructuosas entre Washington y Brasilia. La medida, que afectará a más de 4.000 productos brasileños, se enmarca en una estrategia estadounidense para sancionar prácticas comerciales consideradas desleales.
Esta política arancelaria también se relaciona con la tensión entre Estados Unidos y la Unión Europea, especialmente tras la sanción a la Corte Penal Internacional. Brasil ha rechazado las acusaciones, calificando la investigación de arbitraria y una forma de presión económica injustificada. El gobierno brasileño evalúa posibles represalias.
El conflicto se intensifica debido a prácticas como la deforestación ilegal y el sistema de pagos instantáneos PIPS, que Estados Unidos considera perjudicial para sus empresas de tarjetas de crédito. Brasil defiende su sistema PIPS como una alternativa gratuita que perjudica el negocio de las tarjetas estadounidenses.