Karen relata su historia de vida, marcada por el odio y la agresividad desde su infancia, tras descubrir la infidelidad de su padre. Este resentimiento la llevó a ser una persona insegura, celosa y posesiva en sus relaciones, llegando a agredir física y verbalmente a su pareja.
En un momento de quiebre, tras agredir a su marido, tomó conciencia de la persona en la que se había convertido. Buscando un cambio, se acercó a la Iglesia Universal, donde encontró un mensaje que la conmovió profundamente.
A través de la fe y la participación en la Hoguera Santa, perdonó a su padre y a sí misma, iniciando un proceso de ayuno y búsqueda de conocimiento bíblico. Hoy se define como una nueva mujer, con paz, gozo y dirección, libre de la agresividad, culpa y odio que la atormentaban.