Se critica duramente la adaptación de un cántico español para la final del Mundial, considerándola una mala imitación de melodías argentinas. Se señala la falta de rima consonante y la ausencia de picardía o controversia en la letra, aspectos que tradicionalmente caracterizan a los cánticos populares.
La crítica se extiende a la poca originalidad y a la falta de fuerza de la canción, especialmente en contraste con la pasión y diversidad de los cánticos argentinos. Se sugiere que, al ser la tierra de poetas como Quevedo, se esperaría una mayor calidad lírica en sus expresiones musicales.