Se compara el fervor actual por Scaloni con el que generó la elección de Bergoglio como Papa, señalando cómo las personas pasan de criticar a ser fanáticos de una figura.
Se cuestiona la actitud de Axel Kicillof y se menciona que, a diferencia de otros políticos que festejaron en la calle, él se mostraba solo. Se hace una observación sobre la falta de cercanía de la gente hacia él, incluso en un momento de euforia colectiva.