La República Popular China experimentó una notable desaceleración económica en el segundo trimestre, registrando el crecimiento más lento de los últimos tres años. Este enfriamiento se debe a desafíos internos y externos.
A pesar de la ralentización, China mitigó los efectos negativos del conflicto en Oriente Medio gracias a un desempeño robusto en sus exportaciones, impulsadas por el auge tecnológico y la demanda de inteligencia artificial. Este sector ha sido clave para sostener la economía china frente a un mercado global incierto y con interrupciones en las cadenas de suministro.