El canciller iraní, Abbas Araki, calificó los ataques estadounidenses sobre infraestructura vital en Irán como "crímenes de guerra" y una "flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas". Señaló que las amenazas contra plantas eléctricas y puentes demuestran la "intención criminal de Washington".
Araki afirmó que estas acciones contravienen los principios del derecho internacional y los convenios de Ginebra, advirtiendo que los funcionarios estadounidenses no podrán evadir su responsabilidad legal. La postura de Washington fue definida como una muestra de hostilidad hacia el pueblo iraní por su insistencia en la independencia y dignidad nacional.