Se examina la relación entre el Mundial de Francia 98 y las elecciones posteriores, señalando un cambio de color político a pesar de que la selección no había alcanzado las expectativas. Se menciona la frustración del Mundial 2002, donde a pesar de la eliminación temprana del equipo, el candidato oficialista ganó las elecciones.
Se analiza el caso de Cristina Kirchner, quien ganó en primera vuelta en 2007 a pesar de la frustración del Mundial 2006. Se plantea la dificultad de establecer una correlación directa entre los resultados mundialistas y el éxito político.