Se comenta sobre la posibilidad de que personas se ofrezcan para ir a la mesa de Mirta Legrand, aunque se aclara que ella no los conoce ni los tiene en cuenta. Se menciona que el conductor de un programa debe asistir a la mesa.
Se hace una distinción entre personas respetuosas y otras que no lo son, sugiriendo que solo las primeras deberían ser invitadas. Se resalta la figura de Mirta Legrand y la importancia de ser convocado a su programa.