Se cuestiona si el gobierno cometió un error al no comunicar de manera más discreta la restricción de banderas en el evento deportivo. Se sugiere que la exposición mediática de la ministra de seguridad en torno a este tema pudo haber sido contraproducente.
Se plantea que, a la luz de las declaraciones de los jugadores sobre las Malvinas, el gobierno podría haber quedado en una posición incómoda. Se indica que, posteriormente, el gobierno intentó matizar su postura, argumentando que se trataba de reglas impuestas externamente.