Se analiza la relación histórica entre los resultados de los mundiales de fútbol y el humor social en Argentina, así como su posible impacto en los gobiernos. Se mencionan antecedentes como el Mundial 90 y 94, donde a pesar de los resultados, hubo continuidad política.
Se introduce la idea de que la correlación entre los resultados deportivos y el éxito electoral es difícil de sostener, citando ejemplos como el Mundial 2002, donde la frustración deportiva coincidió con la victoria del oficialismo. Se plantea que el desfasaje de tiempo entre los mundiales y las elecciones podría influir en esta relación.